domingo, septiembre 4

Saberse Lejano



Para que un barco se adentre en la niebla, requiere alejarse del puerto,
dejar atrás la luz del faro, ignorando las miles de voces que lo despiden.

Para que una mariposa alcance el verde de un bosque,
le es imprescindible dejar atrás todos sus inviernos.

Para que un cometa pueda rozar la dermis de una estrella,
necesita derretir el hielo de cada una de sus soledades.

Si uno quiere ser aquél monje bajando de la montaña,
hay que estar dispuesto a dejar atrás instantes y eternidades.

Para aprender de la bacteria su humildad al desprenderse del tejido,
la herida necesita aceptar que el dolor es parte de la sucesión del tiempo.

Si el cielo orilla a la voluntad para que se arroje como lluvia,
el miedo tendría que renunciar a la inmovilidad de la nube.

Para ser más sabio que Sócrates,
uno tendría que, del amor,
saber de su engaño,
dejarse engañar por el amado
y encarnar la verdad resultante.



Mizpah

Lluvia Verde



Tus pies, descalzos de olvidos
dudan de sus pasos,
acarician al color verde,
orillándote a tu río...

Hay penumbras que te exploran,
te extravían, te esconden.

Tu frente y tu tiempo,
dos lirios incandescentes,
queriendo incendiar al
colibrí de tu espíritu.

Es en las entrañas de tu nombre,
el lugar donde una niña te aguarda,
con ojos tristes y mirada blanca.

Te desdoblas.

Como queriéndote encontrar,
te enlazas con tu ausencia,
brotas en el interior de tu lluvia.

Tu mano es semilla abierta,
enraizada en lo translúcido
de tu sueño.

Eres tierra en tu presente.

Renaces en tu ombligo.

...y en ese lánguido instante
en el que tus dedos te sumergen
del otro lado ti; haces nacer
una estrella de perdón,
asomándote en tu horizonte,
acariciando la llegada
de un nuevo Sol.

Mizpah

Tierra de Oriente


Al oriente de mi tierra
solias recostar tu voz,
desembarcando en silencio
tus huellas en mi arena.

Ni la Luna misma
alumbraba tanto,
como el ámbar
de tu luz.

Era el amor.

Una mariposa entintada,
una constancia infinita
creyendo en la eternidad
de tu aceite con el que
me ungías.

En la frontera de mi tierra,
ahí donde empezabas tú,
ahí donde tu piel me hizo
sentir que continuaba yo.

Con un ala partida en dos,
en mi vientre en el que descansabas,
con Troya ardiente en cada paso,
hoy afirmo que fue mi cuerpo
el que habitabas.

Hoy tatúo mi Odisea,
llevando a Ithaca
en mi pecho,
tu inicial
en mi costado.

mizpah

miércoles, septiembre 1

El piano y el violín




Fuiste el violín,
fui yo el piano.

Hay una música secreta
que sólo los ángeles escuchan,
cada vez que una lágrima amanece
para regresar al cielo,
a su causa, a su origen,
a su propio consuelo.

Sinfonias y movimientos,
tus cuerdas, mis martillos,
tan solo queríamos sonar
a la inmortalidad de Mozart,
de Schubert, de Bizet.

Nuestra música nadie la escuchó,
ni siquiera nosotros mismos,
pero sí, el ángel que te cuida,
que miró al mío,
y que una tarde de lluvia,
deleitaron a Dios en un suspiro.

Tuvo que ser así,
porque sólo así
el amor con su muerte,
se concilia.

La muerte:
de saberte eterna,
de sentirte cerca,
de soñarte perfecta.

Tal vez nos depare
un instante,
en el que nuestras
lágrimas coincidan,
frente con frente,
letra por letra,
donde la música,
finalmente
nos pertenezca.


mizpah

jueves, agosto 5

Escribo esto...



Escribo esto
a través de un Deja Vú,
desde mi punto más frágil,
donde Aquiles
no alcanzó
redención...

Escribo esto,
desde la esquina de mi córnea,
donde me brotaban de niño,
los delirios febriles,
de la incoherencia
y del terror...

Escribo esto,
desde una noche sin desdén,
sabiendo de antemano,
que éste,
mi cauce fluvial,
no cesará de existir...

Escribo esto,
desde una neurona
izquierda,
que ha callado
de amor y ha sido
indiferente a mis
huesos de cristal...

Escribo esto,
desde aquel origen,
donde fue sembrada
una palabra,
lugar recóndito,
exhiliado de su
propio laberinto...

Escribo esto,
desde la silla
vacía donde alguna
vez se sentaba Dios...

Escribo esto,
desde las ruinas
de arena, ajenas
al reloj que las
contiene, y que
profusamente,
caen, caen
y vuelven a caer...

Escribo esto,
desde un jardín
que no se cansa
de florecer en
inviernos benditos,
donde el sol es sólo
un mito entumecido...

Escribo esto,

...y sí,

...aún...

...lo sigo escribiendo...

Mizpah

viernes, julio 16

The earthquake and you





I

I decreased
the bright on my screen,
as I watch your eyes
while falling asleep.

An expanding void

was breathing into me,
caressing my wishful
and uneventful heart.

Restless dream,

6.4 earthquake woke me up.
the beats inside were off the charts;
but your eyes...

Your eyes were

the perfect sight
to contemplate,
if relentless,
I might as well,
die.

II


Are you ok? - I wrote.

you replied unwritable words,
the thing that does not
cease not to be written...

I felt death over my shoulders

why?, why?, why?
your ghost without its veil
struck the darkness in my room...

Did my words mean anything to you?


III


At the park,

the scent of the rain,
childhood cookies,
your words shattered the wall,

I was mesmerized

by the cleaness
of your eyes...

The storm brought

a gentle, yet sweet
surrender...

I was reading your eyes reading,

at the heavenly palace of books,
and a little storm fell
from your eyes...

My hand was in your face,

you're beautiful face,
warm air embrace,
and finally,
all my earthquakes
in my core,
at ease they rest...


Mizpah

viernes, abril 30

Rojo






El ayer está hecho de manzanas, 

el ayer está hecho de granos carmesí, 
recuerdo esa tu bufanda
a la piel le gusta 
la ley suspendida.

Heme aquí de nuevo

de vino escurrido y de fresas en los labios. 
de misterios cobrizos, 
de sangre agonizante. 

Que como serpiente

descendía por el árbol,
enardeciendo tu nombre
bordeaba tus desbordes.

Recordar en silencio, 
aquella inmediatez 
con la que enrojecías,
la métrica de tus suspiros. 

Hace de la transgresión

un trémulo olvido. 

Delirándote en el infierno,

la más dulce de las condenas,
el más amargo de los castigos.

Mizpah