miércoles, septiembre 1

El piano y el violín




Fuiste el violín,
fui yo el piano.

Hay una música secreta
que sólo los ángeles escuchan,
cada vez que una lágrima amanece
para regresar al cielo,
a su causa, a su origen,
a su propio consuelo.

Sinfonias y movimientos,
tus cuerdas, mis martillos,
tan solo queríamos sonar
a la inmortalidad de Mozart,
de Schubert, de Bizet.

Nuestra música nadie la escuchó,
ni siquiera nosotros mismos,
pero sí, el ángel que te cuida,
que miró al mío,
y que una tarde de lluvia,
deleitaron a Dios en un suspiro.

Tuvo que ser así,
porque sólo así
el amor con su muerte,
se concilia.

La muerte:
de saberte eterna,
de sentirte cerca,
de soñarte perfecta.

Tal vez nos depare
un instante,
en el que nuestras
lágrimas coincidan,
frente con frente,
letra por letra,
donde la música,
finalmente
nos pertenezca.

mizpah