jueves, octubre 6

Mineral


Pedirle al tiempo ser furtivo,
un ladrillo desmorona el rojo,
el mármol se postra en su caída...

Tierra...

Ocultarse en las venas
de un espacio,
hacedores de ocres,
rompiéndose sus olas,
sombras, llegadas, huidas...

Piedra...

Una lámpara se rompe,
la noche en pleno día,
los dedos se aventuran
granulándose...

Barro...

Los párpados vociferan
una vela a piano suena,
un velo a deseo sabe,
al silencio le duele su sonido
desgarrándose...

Arcilla...

Humo de madrugada,
un yugo en el cuello,
vidrio incandescente,
y entonces el agua...

Arena...


Mizpah

domingo, septiembre 4

Cerca de lo lejos


La lejanía de un barco que se adentra en la niebla,
dejando atrás la luz de su faro.

La mariposa que emigra de regreso al frío,
dejando atrás el verde de su bosque.

El cometa que prosigue con su órbita,
dejando atrás el cálido roce que tuvo con una estrella.

El monje que desciende de la montaña,
dejando atrás la eternidad en un instante.

La bacteria que se desprende del tejido,
dejando atrás sanada una herida.

El poeta ya viejo que olvida sus metáforas,
dejando atrás al niño que fue,
cuando en realidad, siempre fue
el niño quien escribía.

La lluvia que se vuelve vértigo al caer,
dejando atrás una fantasía inconstante y nube.

Un ombligo que se cierra por siempre,
dejando atrás... en su piel,
el despreciable mito del Banquete.

mizpah

Vacios


Había una vez un vacío que se encontraba vacío de ti. El vacío respiraba el anhelo de poderse encontrar de ti lleno, y vacío de sí.

Llegaste a vaciarme. Y con tu vacío llenaste el mío. Lo rebosaste con tu necesidad de encontrarte de nuevo plena y vacía de tus falsas llenuras.

En ti, por un instante borré tus ausencias, escribiste en la brevedad de un haiku: el temor de tus nadas.

Sin la llenura vacía del miedo, te sentí.

Hoy, has saturado mi vacío con tu ausencia. Ni el Zen, ni Buda han podido vacíarte de mi nada.

Hoy es la náusea la que me llena y se repite, hoy es el vértigo quien me vacía y desea purgarte del hueco de mis ojos.

El vacío solo se llena con vacíos.

Y así respiro.

Y así frente a mi, éstos árboles. Y así el borde de mis ojos se vuelve arena. Y así, ésta marea de lágrimas sobre el horizonte. Y así, el recuerdo de nuestras flores. Y así, éste gris, éste azul, éste verde como un sólo color.

Así me llenas y vacías.

Así me vacías y me vuelves a llenar.

Para que exista en tu piedad, la llenura vacía de un final.

mizpah

Lluvia verde


Tus pies, descalzos de olvidos
dudan de sus pasos,
acarician al color verde,
orillándote a tu río...

Hay penumbras que te exploran,
te extravían, te esconden.

Tu frente y tu tiempo,
dos lirios incandescentes,
queriendo incendiar al
colibrí de tu espíritu.

Es en las entrañas de tu nombre,
el lugar donde una niña te aguarda,
con ojos tristes y mirada blanca.

Te desdoblas.

Como queriéndote encontrar,
te enlazas con tu ausencia,
brotas en el interior de tu lluvia.

Tu mano es semilla abierta,
enraizada en lo translúcido
de tu sueño.

Eres tierra en tu presente.

Renaces en tu ombligo.

...y en ese lánguido instante
en el que tus dedos te sumergen
del otro lado ti; haces nacer
una estrella de perdón,
asomándote en tu horizonte,
acariciando la llegada
de un nuevo Sol.

mizpah

Tierra de Oriente



Al oriente de mi tierra
solias recostar tu voz,
desembarcando en silencio
tus huellas en mi arena.

Ni la Luna misma
alumbraba tanto,
como el ámbar
de tu luz.

Era el amor.

Una mariposa entintada,
una constancia infinita
creyendo en la eternidad
de tu aceite con el que
me ungías.

En la frontera de mi tierra,
ahí donde empezabas tú,
ahí donde tu piel me hizo
sentir que continuaba yo.

Con un ala partida en dos,
en mi vientre en el que descansabas,
con Troya ardiente en cada paso,
hoy afirmo que fue mi cuerpo
el que habitaste.

Hoy tatúo mi Odisea,
llevando a Ithaca
en mi pecho,
y tu inicial
en mi costado.

mizpah

miércoles, septiembre 1

El piano y el violín


Fuiste el violín,
fui yo el piano.

Hay una música secreta
que sólo los ángeles escuchan,
cada vez que una lágrima amanece
para regresar al cielo,
a su causa, a su origen,
a su propio consuelo.

Sinfonias y movimientos,
tus cuerdas, mis martillos,
tan solo queríamos sonar
a la inmortalidad de Mozart,
de Schubert, de Bizet.

Nuestra música nadie la escuchó,
ni siquiera nosotros mismos,
pero sí, el ángel que te cuida,
que miró al mío,
y que una tarde de lluvia,
deleitaron a Dios en un suspiro.

Tuvo que ser así,
porque sólo así
el amor con su muerte,
se concilia.

La muerte:
de saberte eterna,
de sentirte cerca,
de soñarte perfecta.

Tal vez nos depare
un instante,
en el que nuestras
lágrimas coincidan,
frente con frente,
letra por letra,
donde la música,
finalmente
nos pertenezca.

mizpah

martes, agosto 31

Último round


Te amo por ceja, por cabello, te debato en corredores
blanquísimos donde se juegan las fuentes de la luz,
te discuto a cada nombre,
te arranco con delicadeza de cicatriz,
voy poniéndote en el pelo cenizas de relámpago y
cintas que dormían en la lluvia.

No quiero que tengas una forma, que seas
precisamente lo que viene detrás de tu mano,
porque el agua, considera el agua, y los leones
cuando se disuelven en el azúcar de la fábula,
y los gestos, esa arquitectura de la nada,
encendiendo sus lámparas a mitad del encuentro.

Todo mañana es la pizarra donde te invento y te dibujo,
pronto a borrarte, así no eres, ni tampoco con ese
pelo lacio, esa sonrisa.

Busco tu suma, el borde de la copa donde el vino
es también la luna y el espejo,
busco esa línea que hace temblar a un hombre en
una galería de museo.

Además te quiero, y hace tiempo y frío.


Julio Cortázar